dissabte, 18 de maig de 2013

El lenguaje universal


Este y dos posts más que tengo “en bruto” en mi portátil los voy publicando ya desde Barcelona. Motivos profesionales (hoy en día no puedes decir no a nada) y el hecho de haber podido suministrar material gráfico sobrado al proyecto de Nepal is Màgic, me han traído de vuelta a casa. Incluso es probable que escriba algún post más movido por la nostalgia que me trae el ir postprocesando la cantidad ingente de fotografías que he tomado. Todo ello me devuelve a la magia de momentos increíbles que he pasado en Nepal.

Una de las cosas que más me ha sorprendido de este viaje es cómo un mismo espectáculo se adapta al público que lo recibe. Ya expliqué en un post anterior cómo rieron los internos de una prisión de alta seguridad con las magias y situaciones cómicas pensadas para niños. Pero esto también dice mucho del perfil del Magic Andreu.

En dos semanas le he visto “birlar” el bolígrafo a un director de escuela, a un preso y a un miembro del Rotary de Katmandú. La reacción en el momento de la devolución ha sido la misma, aunque se trate de entornos bien diferentes: 
-A present for you, my friend-, y luego las carcajadas tanto de la víctima como de los presentes.
Esa es la magia a la que he podido asistir todos estos días, la constatación de que todas las personas somos iguales ante el humor.

Recordando a Harpo

Repasando mentalmente estos acontecimientos en un ajetreado taxi por las calles de Katmandú, me vino a la memoria la autobiografía de Harpo Marx. La leí hace cosa de un año, y aún recuerdo ese agradable sentimiento de igualdad universal de los hombres, unidos por el humor.
Cuenta Harpo en su biografía que acudió a una fiesta de alto copete en Nueva York a la que asistían un buen número de invitados multimillonarios. Uno de ellos, un tanto achispado por el champán, vino a saludarle muy cordialmente, cosa que el cómico aprovechó para “birlarle” la cartera. Contó el dinero que había y posteriormente se la devolvió.
Minutos más tarde se volvieron a encontrar.
-Puedo adivinar exactamente cuánto dinero lleva Vd. en su cartera- anunció.
El multimillonario, incrédulo, le desafió. Y su sorpresa fue monumental cuando vio que citaba exactamente la cifra.
-¿¿Cómo lo has hecho?? ¿Tienes algún poder?-
Harpo Marx le confesó que le había “sustraído” la cartera y que después de contar los billetes se la había devuelto. Carcajadas. Aquí nació una franca amistad entre ambos personajes.
Esta misma sensación la he podido palpar al lado del Màgic Andreu. Su humor transgresor no tiene fronteras ni status. Iguala a todos en la risa de una manera que hace comprender enseguida que, pese a las diferencias, los hombres y mujeres del mundo tenemos un idioma universal: el humor.

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